México tiró las cartas, llorona,
Chapingo las barajó;
sembrando profesionistas, llorona,
agricultura les dió.
Qué bonita es esa fuente, llorona,
llamada las circacianas;
recuerdo de mis cumpleaños, llorona,
pues siempre ahí me bañaban.
Nunca explotes a los hombres, llorona,
explota siempre a la tierra;
bien grabado está ese lema, llorona,
en el seno de la ENA.
La novia de un chapinguero, llorona,
es como lejana estrella;
que habiendo tanta en el cielo, llorona,
la fue prefiriendo a ella.
¡Ay de mi llorona!, llorona idolatrada;
ahí quedaron mis penas, llorona,
por todita la calzada.
Los besos de un chapinguero, llorona,
son como terrón de azúcar;
que la niña que los prueba, llorona,
hasta los dedos se chupa.
Un chapinguero a su novia, llorona,
aritmética enseñaba.
y al cabo de nueve meses, llorona,
la niña multiplicaba.
Si porque me ves con botas, llorona,
piensas que soy Ingeniero;
estás muy equivocada, llorona,
apenas voy en primero. |
¡Ay de mi llorona,
llorona de azul platino;
siete años pasé en Chapingo, llorona,
y ahí forjé mi destino.
Ya me voy, ya me despido, llorona,
como chapinguero fino;
gritando ¡viva Chapingo!, llorona,
con mi botella de vino.
(Por lo general solo se cantan los párrafos anteriores, pero son más.)
Los torreones de la ENA, llorona,
se están muriendo de risa;
al ver a los chapingueros, llorona,
con corbata y sin camisa.
Las nueve de la mañana, llorona,
parece que ya lo veo;
cuando todo chapinguero, llorona,
va ilusionado al correo.
El calzón de un chapinguero, llorona,
es como jardín de flores;
pues tienen muchos remiendos, llorona,
de toditos los colores.
Un chapinguero a su novia, llorona,
le dijo muy aflijido;
si me esperas siete años, llorona,
yo voy a ser tu marido.
Ya me voy, ya me despido, llorona,
yo ya no puedo cantar;
pues ya me voy de Chapingo, llorona,
y es lo que me hace llorar. |